martes, 31 de enero de 2012

Sistemas de Certificación Participativa - SGP

LOS SISTEMAS DE CERTIFICACIÓN PARTICIPATIVA
(*) Eva Torremocha.
Consejo Editorial
http://revistasoberaniaalimentaria.wordpress.com/2012/01/28/menos-burocracia-mas-confianza/
La agricultura ecológica que fue un modo de vida, es ahora un nicho económico, un sector, una técnica de manejo, para según quién sea y dónde se esté. Son múltiples las vivencias, enfoques y posicionamientos frente a este -optemos aquí por denominarlo- ‘sector’. Lo que sí queda definido por reglamento (exactamente el reglamento europeo CE 834/200) es qué es un producto ecológico y qué puede recibir ese nombre ‘oficialmente’. Detrás de este sencillo razonamiento se esconde la certificación, que es -dicho de manera aséptica-, el procedimiento que permite comprobar que un producto cumple unas normas. Y detrás de la certificación, o mejor dicho, dentro, existe todo un mundo en el que los Sistemas Participativos de Garantía (SPG) se están abriendo paso. Veamos en qué consisten.
Porqué una certificación
La agricultura ecológica nace en el seno de los movimientos sociales ambientalistas de los años 60, en Europa. Surge como reacción, de parte de la sociedad, al modelo de producción intensivo desarrollado con especial virulencia después de la II Guerra Mundial. Productores y productoras deseosas de producir alimentos inocuos para el planeta y población consumidora dispuesta a no contaminar con su consumo, se unieron entonces para definir pautas para producir alimentos, sin usar derivados del petróleo, ni otras sustancias químicas de síntesis. Cada colectivo definía sus propias normas de producción, que se regían por las pautas y enseñanzas de la ciencia ecología. Así nace la agricultura ecológica.
Al ir implantándose paulatinamente, se convierte en atractiva para algunas y algunos productores y comercializadores, que deciden vender productos convencionales como ecológicos, aprovechando el mercado existente y la confianza desde la cual se tejen (hasta entonces) las relaciones en este ámbito. Este fraude conlleva dos consecuencias principales e íntimamente relacionadas entre sí: la pérdida de confianza y el establecimiento de un sistema de garantía cuyo objetivo es certificar que la producción de esos alimentos ha seguido las pautas establecidas como ecológicas. Cada colectivo establece sus procedimientos propios para comprobar esto. Así nacen los sistemas de certificación.
Con unas pautas de producción a las que se asocia un procedimiento de verificación, la agricultura ecológica se crea no solo una identidad propia -delimitada por las normas de producción- sino un marco específico – delimitado ‘físicamente’ por la certificación-. Y tenemos entonces el nacimiento del ‘sector de la agricultura ecológica’.
Qué modelo de certificación inicial
El sector se crea de la mano de población consumidora y productora unidos. Los distintos sistemas de certificación que definen los diferentes colectivos (en varios países como Italia, Francia, Alemania, etc) coinciden en seguir contando con la participación de ambos perfiles, sin los que, por entonces, no se entiende la agricultura ecológica. Al establecerse como una protección del fraude venido de ‘fuera’, las relaciones internas se basan en la confianza y en la cooperación. La participación directa de las personas consumidoras en el proceso de verificación implica un compromiso directo de éstas en el funcionamiento del sistema, a la vez que les garantiza un acceso directo a la información y la posibilidad de actuar para corregir los errores de manejo detectados -en caso de que los hubiera-. En definitiva, se trataba de proteger a aquellas personas que producen según las normas establecidas y de garantizar a las consumidoras que los alimentos que adquieren responden a los estándares de calidad que demandan.
El procedimiento de certificación en sí consistía en la realización de visitas grupales a las fincas asociadas, en las que la persona encargada explicaba y enseñaba su proceso de producción a una delegación del grupo que cotejaba esta información con las pautas marcadas para la producción y valoraba su adecuación a las mismas. Si todo estaba conforme, la producción se consideraba ecológica. Si no, el grupo, con el apoyo de técnicos, resolvía el problema detectado o en caso de ser un incumplimiento grave denegaba el certificado.
La certificación en el sistema agroalimentario actual
El desarrollo del sector es tal que Francia decide, durante los años ochenta, regularlo. Europa sigue el mismo camino, y en 1991 se aprueba el primer reglamento ‘sobre la producción agrícola ecológica’, aplicable a todos los Países Miembro. Define las normas de producción, certificación y etiquetado de los productos agrarios ecológicos. Esto supone la introducción de un nuevo actor en el sector de la agricultura ecológica: el Estado cuyo peso es sin duda, mucho mayor que el de las agrupaciones de producción y consumo.
En lo relativo al sistema de certificación, el reglamento determina que las autoridades competentes de cada país (normalmente los respectivos ministerios de agricultura), designarán a los órganos encargados de asegurar la certificación de la producción. Cada país (Comunidad Autónoma en nuestro Estado, ya que en agricultura las competencias están delegadas) puede elegir entre un sistema público de certificación, uno privado o uno mixto (donde coexisten entidades públicas y privadas). Así surgen los Comités de Agricultura Ecológica de las distintas Comunidades Autónomas. El reglamento exige asimismo que los oficialmente denominados ‘organismos de certificación’ (más conocidos como certificadoras) cumplan los siguientes criterios (entre otros): confidencialidad, objetividad, imparcialidad e independencia (tanto en la actividad de certificación como en su ejecución).
Esto supone la exclusión de los propios agricultores/as del proceso y el peso de la certificación recae así en los profesionales técnicos contratados por la organización para este fin y ya no se cuenta con las personas productoras ni consumidoras. Eso sí, el procedimiento sigue siendo el mismo: básicamente, visitas para toma de muestras y obtención de información; análisis y posterior decisión sobre la emisión del certificado.
Este sistema de certificación se denomina ‘por tercera parte’, ya que es una tercera persona o entidad que se encarga de valorar y evaluar el proceso. Con la aplicación del reglamento europeo que, a su vez, conlleva la aplicación de la norma ISO 65 (o UNE 45011), toda aquella persona solicitante de un certificado de producción ecológico queda excluida del proceso de certificación. En cuanto a la participación de las personas consumidoras, queda relegada a las normas de funcionamiento de cada entidad, pero si se realiza, es anecdótica o no se tiene constancia de ella.
En la actualidad un producto, para ser denominado ecológico debe haber sido producido según las normas estipuladas por el reglamento (CE 834/2007) y certificado por alguna de los organismos de certificación autorizados, según el sistema de certificación ‘por tercera parte’.
Consecuencias de un sistema de certificación ‘por tercera parte’
Ante todo, es importante recalcar que la certificación por tercera parte cumple un objetivo y un servicio necesarios, y que es especialmente adecuada para la cadena agroalimentaria de tipo industrial. No se trata aquí de menospreciar su importancia, sino que debemos enmarcar este análisis en el concepto de la Soberanía Alimentaria, de las producciones de tipo campesino y de los canales cortos de comercialización, para los cuales este modelo presenta algunas problemáticas que pasamos a enumerar.
• Para las personas consumidoras:
Prohibir la participación de las personas implicadas en la producción y el consumo de los productos ecológicos aumentando la distancia entre ambas partes. Este aumento de la distancia reduce la cantidad y calidad de información sobre el producto que se brinda al consumidor/a final. Esta información, etiquetas, suele ser la mínina tanto por exigencias legales, como por exigencias de espacio. Y está mucho más centrada en cuestiones físicas, calóricas que de composición química. El ‘sello ecológico’ indica que el producto cumple los requisitos del reglamento y qué organismos de certificación lo acredita. Nada más. No se sabe quién está detrás de tales productos, ni las condiciones socioeconómicas en la que desarrolla su actividad agraria, ni su motivación por producir ecológico, y tanta otra información de la que se disponía cuando el sistema de certificación era participativo. Este sistema limita por tanto el acceso a la información, es decir la capacidad de actuar, y por lo tanto los ‘niveles de soberanía’ del consumidor/a.
Por otra parte, la multiplicación de sellos/logotipos (uno por empresa de certificación y hay unas 500 en el mundo ecológico a nivel internacional) desvirtúa la información que se pretende canalizar hasta las personas consumidoras finales. El mensaje inicial de “esto es un producto ecológico” queda convertido en “la empresa X certifica este producto”. La certificación privada (ecológica también, pero todas en general) se convierte en un negocio. Quizás de los más lucrativos del sector ecológico.
• Para la producción
En cuanto a las personas productoras, el proceso de inspección se reduce a un examen (no sé está diciendo que no sea necesario, ya que es la razón de ser de la certificación y del sector como se explicó al inicio). Anualmente un profesional recoge datos, evalúa y el organismo de certificación dictamina. La interacción del solicitante del certificado se limita a su presencia y su firma. El proceso le permite acceder a un certificado. Nada más. Si embargo, en modelos participativos, el proceso conlleva, además, un intercambio entre productores y con consumidores, se accede a información útil y necesaria para el diseño y planificación de la actividad de los años siguientes, en un modelo de retroalimentación constante con el entorno social.
En cuanto a la duplicidad del sello-marca, si remontamos la cadena hasta la producción, es fácil adivinar que las personas solicitantes de sellos, incorporarán probablemente el criterio “mercado asociado a la certificadora” a la hora de optar por una u otra empresa (en un sistema privado, recordemos que las certificadoras están en un mercado regulado por la oferta y la demanda). Quizás en algunos casos, incluso supere el criterio “relación calidad/precio” en la toma de decisión. La mercantilización de los sellos, dota asimismo a la certificadora de un poder invisible, ya que la convierte en “puerta de acceso” al mercado (en caso de estar bien posicionada en el mismo). Poder que refuerza la postura de la empresa de certificación en detrimento de los productores y productoras, que también aquí pierden soberanía.
La certificación como herramienta política
La naturaleza pública o privada de los organismos de certificación, así como su política propia marcan unos presupuestos para la certificación que son muy variables entre países -a nivel europeo- y entre comunidades autónomas -a nivel estatal-. En algunos casos, el coste de la certificación, puede llegar a ser un factor limitante que impide el acceso a cierto tipo de perfil productivo (los más pequeños y diversificados, normalmente) y esto ocurre en varios países europeos. Por otra parte, la certificación de por sí, conlleva una carga burocrática complementaria a la ya existente para cualquier agricultor. Esta sobrecarga asociada al sobrecoste, limita el acceso a la certificación, lo que por si no representa un problema insuperable. Sin embargo, sin certificado, el producto no tiene acceso al término (está protegido), ni por lo tanto al mercado. Y en la Europa que debate el reverdecimiento de la PAC, tampoco se tiene acceso a las subvenciones específicas de la agricultura ecológica.
La certificación como herramienta comercial
En sistemas privados de certificación como el de la producción ecológica en Andalucía, o en el del comercio justo y otras certificaciones, las entidades que otorgan el certificado son empresas. Su supervivencia depende de su capacidad de adaptación a las reglas del mercado. Así el sello de certificación se ha llegado a convertir, a veces, en marca comercial de la empresa certificadora, que no del producto certificado. Esto implica que éste sirve de soporte publicitario para las empresas de certificación (sin que el productor o productora reciba remuneración alguna a cambio de este servicio), llegándose incluso a darse casos de solicitud de algo parecido a los royalties por el uso del ‘sello convertido en marca’. De este modo, la certificación añade un coste económico más al inicio de la cadena -en la producción-, cuyo beneficio repercute en los intermediarios –las empresas de certificación-.
En el caso ecológico, la imposición del logotipo europeo en todo producto biológico ha roto, en parte, la dinámica mercantil que se instalaba en este subsector de la producción ecológica.
Por lo tanto, la certificación creada para proteger al sector en sus inicios, se ha convertido en un instrumento que aleja a los productores y consumidores de los conceptos de la soberanía alimentaria ya que refuerza las distancias entre ambos, excluye del sector a los más pequeños y diversificados y no siempre se adecua a los canales cortos de comercialización.
Alternativas a la certificación ‘por tercera parte’, los SPG
• Origen
Frente a este contexto, surgen alternativas a la certificación que se giran de nuevo hacia la participación como estrategia. Son los Sistemas Participativos de Garantía (SPG). Estos surgen de manera espontánea en varios grupos de productores de distintos países del Sur. Para que sus productos accedan al mercado occidental ecológico, éstos deben cumplir las normas de producción y certificación propias de cada mercado al que van destinados (ya sean europeas o norteamericanas principalmente), lo que aleja además a estos colectivos de sus métodos locales de producción. Frente a esta colonización, los SPG abogan por una adaptación local y una participación activa de las personas implicadas en el proceso.
• Definición
Su definición más común es la que se construyó en grupo para IFOAM en el 2007: Los Sistemas Participativos de Garantía son sistemas de garantía de calidad que operan a nivel local. Certifican a productores y productoras tomando como base la participación activa de los actores y se construyen a partir de la confianza, las redes sociales y el intercambio de conocimiento. Sin embargo, hay ya numerosas definiciones, propuestas por los distintos colectivos que los aplican, que están enfocadas a resaltar su potencial político de transformación social, su procedimiento o sus principios. Esta diversidad demuestra su gran versatilidad que los convierte en una herramienta con mucho potencial.
Son sistemas de certificación gestionados desde el grupo local que se encarga de organizar y realizar visitas a las fincas (con representantes de la misma producción y del consumo) para apoyar al agricultor/a visitado a mejorar su manejo, adecuarlo a las pautas establecidas por el propio grupo. Después de la visita, otro grupo se encarga de comprobar la correcta aplicación de las normas y de emitir (o no) el certificado. El grupo en su totalidad, puede proponer mejoras para tender hacia mayores grados de sostenibilidad, tanto en la producción como en la comercialización. La certificación, deja de ser un mecanismo de control, y se convierte así en un mecanismo de apoyo a las gentes productoras.
Principios
• Un análisis de estudios de casos determina un marco teórico común a todos los SPG. Éstos basan sus procedimientos en los siguientes aspectos:
• Una visión compartidaentre todas las personas que participan en estos sistemas. Es la que engloba todo el proceso en el que se enmarcan las estructuras y procedimientos establecidos, es decir tanto la búsqueda de manejo sostenible de los recursos naturales, como de la búsqueda de equidad en el plano social y de participación como estrategia de poder. Se concreta en las pautas de organización del sistema, estableciendo su propio marco teórico.
• La participación de todas las personas implicadas desde la producción y el consumo, y de manera horizontal, en las actividades y procesos de verificación llevados a cabo para garantizar la validez del sello.
• La confianza como base y como objetivo. Es la base para la participación y la transparencia, permite participar activamente en las estructuras y generar una información veraz y sincera -incluso en caso de manejo inadecuado, por mejorar- durante los procedimientos. Es sobre todo el motor de la creación del grupo. Es el objetivo ya que se trata de generar confianza en un producto.
• La transparencia como base para la confianza. Se establece tanto en los procesos como en las informaciones generadas. Confianza y transparencia se retroalimentan mutuamente.
• Un proceso local creado desde y para un ámbito territorial y humano determinado, manejable en términos de conocimientos, distancias y redes sociales.
• Un proceso de aprendizaje derivado del intercambio de saberes y conocimientos entre miembros del SPG, ya sea entre las partes de producción y consumo, o en cada una de ellas. Favorecido por el encuentro entre las personas implicadas que favorece el sistema y el enfoque constructivo desde el que se aborda la certificación. Se trata de un aprendizaje técnico (sobre el manejo en finca pero también sobre estrategias y canales de comercialización, etc) pero también humano derivado del trabajo en equipo, y de la gestión colectiva de un bien común.
La participación y la confianza se retroalimentan entre sí, y son la clave de todos los procesos sociales establecidos en el marco de un sistema participativo de garantía.
Dimensiones de los SPG
Sin dejar de ser sistemas de certificación como tales, el enfoque sistémico que de la producción y el consumo de alimentos, que tienen los SPG, les dota de características específicas que los convierten en herramientas polivalentes. Expanden su radio de acción a las dimensiones productivas, socio-culturales y económicas de la actividad agraria.
En definitiva, desde la participación y la confianza, los SPG abarcan múltiples campos de actuación, permitiendo una gestión conjunta de los mismos.
SPG y la Soberanía Alimentaria
Los SPG son herramientas especialmente adaptadas a la Soberanía Alimentaria ya que permiten visibilizar la realidad productiva de la actividad agraria y permiten generar compromisos para compartir, entre producción y consumo, los riesgos a ella asociada. Detrás de un sello otorgado mediante SPG, la información transmitida va más allá del proceso de producción; también incorpora los aspectos sociales y medioambientales inseparables de toda actividad productiva ligada al medio, como es la agricultura. En Europa, además, donde el peso del consumo es superior al de la producción, los SPG están especialmente adaptados a canales cortos de comercialización. De este modo, además de acortar la cadena y permitir así, la asignación de precios más justos para ambas partes, también descargan, en parte, a productores y productoras de asumir la responsabilidad de todas las decisiones (planificación de la producción, de la certificación, de la distribución y de la comercialización), ya que se pueden tomar (y asumir) de forma conjunta entre ambas partes.
Un modelo para aplicar desde la Soberanía Alimentaria
Originados en el marco de la producción ecológica, los SPG se están expandiendo a ámbitos de la Soberanía Alimentaria ya que abarcan la producción y la comercialización de la producción desde estrategias de integración, educación y participación. Adquiriendo por su propia naturaleza, la dimensión política de la Soberanía Alimentaria.
Su potencial ha permitido que gocen de mucha receptividad por parte de muchas organizaciones que se inician a aplicarlos, ya en Europa. Pero su riqueza y diversidad vuelve compleja su aprehensión global. Se recomienda, por lo tanto, no perder de vista que son procesos locales, donde la participación y la confianza son los elementos clave. La gestión de ambos exige una gran flexibilidad así como una capacidad de percepción de los procesos sociales, sus ritmos y evoluciones.
Por otra parte, aunque sus principios y su procedimiento conviertan la certificación en una herramienta y no en un fin (como en los sistemas ‘por tercera parte’), no dejan de ser sistemas de certificación. A la hora de emplearlos como herramienta de articulación, quizás resulte interesante analizar si son, per se, la solución mas adecuada, o si deben ser adaptados, incorporando, moldeando, redondeando sus puntas para adaptarlos a las distintas experiencias que tienden a implantar espacios de Soberanía Alimentaria.
PARA SABER MÁS
Revista BIODIVERSIDAD 43. Enero de 2005
http://www.ifoam.org/about_ifoam/standards/pgs/PGSDefinitioninEngFrenSpanPort_web.pdf
“Participatory Guarantee Systems in the European Organic Farming: Cases and Challenges from Diversity” Torremocha, E. 2011. Sin publicar
http://www.ifoam.org/about_ifoam/standards/pgs/pdfs/IFOAM_PGS_Spanish_web.pdf

TRANSGÉNICOS, EL TIEMPO CONFIRMA TODOS LOS TEMORES

(*) David Sánchez, de Amigos de la Tierra

Los cultivos transgénicos se introdujeron en nuestra agricultura y alimentación hace ya más de 15 años, con la promesa de ayudar a solucionar muchos de los problemas de la agricultura. En aquel momento, grupos ecologistas y movimientos campesinos se opusieron de forma frontal. Se invocaba el principio de precaución, la incertidumbre que suponían liberar a estos nuevos seres vivos al medio ambiente, sus potenciales impactos ambientales, sobre la salud, sobre el modelo agrario, el peligro de autorizar patentes sobre la vida…

Quince años después, el tiempo ha confirmado todos los temores. A pesar de las dificultades para realizar una investigación independiente, existen ya sobradas evidencias científicas como sobre el terreno de sus graves impactos sociales, ambientales y económicos; además de su incompatibilidad con un modelo de agricultura social y sostenible en el marco de la Soberanía Alimentaria.

El pasado mes de noviembre, tuvimos la oportunidad de compartir muchas de estas nuevas evidencias en unas jornadas científicas internacionales organizadas por Amigos de la Tierra, la Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU), COAG, Ecologistas en Acción, Greenpeace y Plataforma Rural. Algunas de las personas más relevantes y expertas de muchas disciplinas afectadas por los transgénicos se acercaron a Madrid para debatir sobre estos temas. Porque aunque el debate sobre los transgénicos es un debate social, ya que la sociedad en su conjunto se ve implicada por su introducción, el componente científico es fundamental. Pero no un debate centrado sólo en la biotecnología. Para abordar el problema en su conjunto hay que hablar de ecología, de economía, agronomía, sociología, derecho…. Y por supuesto de los impactos en el campo y en el medio rural.

Oponerse a los cultivos transgénicos no es oponerse a la ciencia

Es común que cuando se defiende una postura contraria a la introducción de transgénicos en la agricultura, se hagan acusaciones de posturas anticientíficas. Christian Vélot, profesor de genética molecular en la Universidad de París, planteaba la falsedad de este argumento. «Oponerse a las semillas transgénicas no supone estar contra otros avances científicos, como las medicinas producidas a partir de transgénicos en el laboratorio (insulina para diabéticos) o a la investigación básica en ambientes cerrados. No es lo mismo la investigación médica en ambientes cerrados para investigar el funcionamiento de tejidos y células, que liberar nuevos seres vivos al medio ambiente. Una vez liberados los organismos modificados genéticamente al medio ambiente, se presentan riesgos ambientales, socioeconómicos y sanitarios situados en un plano del todo diferente a la aplicación de estas tecnologías en laboratorio. Son dos mundos».

La biotecnología genera mucha incertidumbre

Mientras que la doctrina oficial nos dice que los transgénicos son los alimentos más evaluados y seguros de la historia, Christian Vélot nos reconocía que aunque las empresas hablan de una «precisión quirúrgica, si los cirujanos manejasen lo quirúrgico como los biólogos moleculares manejamos las técnicas de ingeniería genética, yo no aconsejaría a nadie que entrase en el quirófano jamás». Michael Antoniou, del Departamento de Genética Molecular y Médica de la Facultad de Medicina del King’s de Londres -que también trabaja con ingeniería genética en ambientes confinados- nos planteaba la imprudencia de confiar en los resultados de una ciencia sesgada y orientada por los intereses de las multinacionales como Monsanto. «Los nuevos descubrimientos sobre genética revelan que el funcionamiento a este nivel es mucho más complejo de lo que nos quiere vender la industria, y que los cultivos transgénicos en el mercado se basan en unos conceptos científicos ya superados y anticuados».

Impactos ambientales demostrados y no adecuadamente evaluados

Durante los últimos años hemos conocido muchos de los impactos ambientales de los transgénicos. Mientras países como Alemania han prohibido su cultivo, entre otros motivos por sus impactos sobre la biodiversidad, la fauna del suelo o los ríos o porque aparecen cada vez más plantas resistentes al herbicida glifosato; o incluso EEUU reconoce la generación de resistencias en los insectos que algunos maíces transgénicos quieren combatir; en países como España no se le está dando seguimiento a este tipo de impactos.

Sin embargo, investigadores como Mª Carmen Jaizme, Coordinadora de Programas de Investigación y Directora del Departamento de Protección Vegetal del Instituto Canario de Investigaciones Agrarias (ICIA), corroboraba los impactos de los cultivos transgénicos sobre la fertilidad de los suelos, al interferir con los microorganismos y hongos que viven en ellos.

Angelika Hilbeck, investigadora suiza del Instituto Federal Suizo de Tecnología planteaba las carencias de la evaluación ambiental que de los transgénicos se hace en Europa. «Según como formulamos los problemas, en muchos casos, llegaremos a conclusiones diferentes. Si de entrada se excluyen de la investigación cierta clase de posibles efectos adversos, evidentemente no se encontraran evidencias de los mismos. Por ejemplo, si no se consideran los efectos sobre la biodiversidad de los herbicidas de amplio espectro, como el glifosato asociado a la agricultura transgénica; o los efectos crónicos, subletales o indirectos de la proteína insecticida Bt que expresan muchas variedades de plantas transgénicas, no tendremos respuesta a estas preocupaciones. La actual evaluación de riesgos realizada por las autoridades y promovida por las empresas cubre un margen muy estrecho».

Y más teniendo en cuenta lo que nos enfatizaba Antonio Gómez Sal, Catedrático de Ecología de la Universidad de Alcalá de Henares: «los graves impactos que los cultivos transgénicos pueden suponer pérdida de biodiversidad y, en definitiva, de estructura y complejidad en los agrosistemas».

Impactos sociales y económicos ignorados

Rosa Binimelis, investigadora del Centre de Recerca en Economia i Desenvolupament Agroalimentari (CREDA) de la Universidad Politécnica de Cataluña mostraba cómo los impactos socioeconómicos de los transgénicos, que en el Estado Español son enormes, no son tenidos en cuenta en la evaluación de los mismos. Sólo en un país, Noruega, se consideran aspectos como la sostenibilidad, el interés público y la ética, tanto en los países productores como los importadores. Y evidentemente, Noruega no ha autorizado ningún cultivo transgénico.

Denunciaba Rosa lo que denominaba la ‘presión modernizadora’: Según un técnico de una cooperativa agraria entrevistado para sus investigaciones «Pioneer es quien más vende ahora, porque el gen de Syngenta es viejo y la gente siempre quiere lo último en tecnología». Y en este sentido Julio César Tello, Catedrático de Producción Vegetal de la Universidad de Almería, nos instaba a distinguir entre modas comerciales y auténtico progreso, y marcaba la importancia de la sostenibilidad y el principio de precaución como marco ético dentro del cual movernos. Es el marco ético el que debe encauzar el progreso.

Desde el punto de vista de un productor ecológico, Antonio Ruiz, ex presidente del Comité Aragonés de Agricultura Ecológica, nos recordaba los numerosos casos de contaminación genética que han sufrido los agricultores aragoneses y catalanes que apostaron por el maíz ecológico, con sus consecuentes pérdidas. Una alternativa que es rentable, ambiental y socialmente, es marginada y maltratada por las autoridades públicas en favor de los intereses de unas multinacionales.

Y desde un punto de vista de la cadena alimentaria en su conjunto, Julien Milanesi, economista e investigador asociado a la Universidad de Pau, Francia, nos explicaba que «el incremento de costes que suponía el cultivo de transgénicos en Francia -cuando estaba permitido- recaía directamente sobre aquellos productores y productoras, procesadores o empresas que querían ofrecer alimentos libres de transgénicos.

Indefensión jurídica

Hay una materia a menudo olvidada en el análisis de la situación de los transgénicos, y este es el análisis jurídico. Ana Carretero, profesora de Derecho Civil y Vicedecana de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Castilla – La Mancha, nos recordaba «la increíble e intolerable indefensión jurídica que sufren en el Estado Español tanto agricultores y agricultoras como las personas consumidoras frente a la imposición de los transgénicos». Y animaba a utilizar las herramientas de las que aún disponemos en la legislación para hacer frente al poder de estas multinacionales.

Daños sobre la salud

Una de las grandes incertidumbres de los cultivos y alimentos transgénicos son los potenciales riesgos para la salud. Siempre han faltado estudios independientes, estudios a largo plazo. Ha sido una de las áreas mantenidas más oscuras por multinacionales y gobiernos. Se sospechó de posibles generaciones de alergias, de toxicidad a largo plazo… Pero las investigaciones de personas como Gilles Eric Serallini, Catedrático de Biología Molecular de la Universidad de Caen han encontrado efectos inesperados significativos en los experimentos hechos por la propia Monsanto. Los animales con los que se experimentó reflejaron toxicidad renal y hepática, entre otros efectos. «Con pruebas nutricionales en animales, no hay cultivos transgénicos rentables. Sólo lo son si no se le piden estas pruebas… que sin embargo serían esenciales para poder hablar de seguridad sanitaria. Sólo se comercializan transgénicos porque la evaluación científica es deficiente» concluía Serallini.

Y acusaba a la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) de ser, más que una autoridad científica, un lobby. Y no es de extrañar después de todos los casos de conflicto de intereses y paso constante desde esta agencia que evalúa los transgénicos a la industria.

Una ciencia más democrática y socialmente comprometida

Uno de los aspectos fundamentales de todas las jornadas fue la patente necesidad de una ciencia más democrática, y de una mayor implicación social de científicos y tecnólogos. Cuando hablamos de alianzas en la lucha contra los transgénicos y en la construcción del movimiento por la Soberanía Alimentaria, la parte académica es fundamental. La Red Europea por una Ciencia Social y Ambientalmente Responsable (ENSSER en sus siglas en inglés), a la que pertenecen muchos de los participantes de las jornadas, es un buen ejemplo.

La necesidad de un cambio de modelo

Para cerrar las jornadas, se insistía en la necesidad de apostar por una mayor conciencia ecológica y un modelo de agricultura respetuoso con el medio, alejado del modelo de agricultura industrial que representan los cultivos transgénicos.

Un modelo que pasa por la agricultura campesina. O como nos recordaba Jeromo Aguado, campesino, «queremos seguir siendo campesinos y campesinas, no queremos ser dependientes, queremos ser autónomos, queremos producir alimentos sanos, para las personas, y no para los mercados. Queremos producir nuestras semillas, que siempre han sido muy productivas, no productivistas. Y queremos vivir en los pueblos. Viviendo en los pueblos es la única forma de mantener nuestras culturas».

lunes, 30 de enero de 2012

LOS MAÍCES BOLIVIANOS SE CLASIFICAN EN SIETE COMPLEJOS RACIALES, 45 RAZAS Y CENTENARES DE VARIEDADES

Bolivia, territorio central del proceso de evolución del maíz
SENA-Fobomade *
La labor de domesticación y selección de especies vegetales es el mayor aporte económico y tecnológico del nativo americano a toda la humanidad. De 260 razas de maíz descritas para América, 132 son originarias de la zona andina. Bolivia es una región central para la producción y evolución del cultivo de maíz desde hace 2.500 años.

Desde septiembre de 2005 rige en el país una estricta prohibición de ingreso o producción de cualquier tipo de maíz transgénico, pero antes de la aprobación de la Ley de Revolución Productiva Comunitaria, el Ministro de Autonomías y el Viceministro de Agricultura sostuvieron que el país necesitaba aprobar los transgénicos porque debido a la crisis alimentaria se estaba importando maíz transgénico para comida de pollos.
Ante la pregunta obvia, ninguno de ellos pudo informar del origen de dicha importación de maíz. En consecuencia, Ministro y Viceministro serían cómplices de una flagrante violación a las leyes del país, más aún cuando la Constitución Política del Estado Plurinacional ha establecido el principio de prohibición de cultivos transgénicos.
El 26 de junio de 2011 fue aprobada la Ley de Revolución Productiva Comunitaria, y luego de varios días de debate y acciones diversas, la norma incorporó entre los cultivos transgénicos prohibidos aquellos de los cuales el país es centro de origen y de diversidad, con lo que el maíz transgénico quedó excluido de su cultivo en Bolivia.
Pocos meses después, un proyecto de reglamento intentaba reinterpretar la Ley mediante términos imposibles, pero la Campaña en Defensa del Maíz y la Alianza para el Consumo Responsable y Solidario cuestionaron: ¿A quién beneficiaría el ingreso de semillas transgénicas? ¿Acaso la abundante investigación sobre la ineficacia del gen transgénico del maíz no es suficiente para un Estado que apunta hacia la soberanía alimentaria?
Luego de la denuncia, el proyecto del gobierno quedó en statu quo.
Se requiere una población movilizada y consciente que defienda sus derechos como consumidor, y se solidarice con los derechos del agricultor a guardar su propia semilla y producir de manera responsable para su comunidad y para quienes consumen sus alimentos. Por esa razón, la Alianza por un Consumo Responsable y Solidario convoca a fortalecer el movimiento en Defensa del Maíz y por una comunidad, un municipio y un país libre de transgénicos.

En Bolivia se cultivó maíz desde la época pre cerámica
En representación de la Sociedad de Arqueología de La Paz, Carlos Lemuz aporta con información científica a la Campaña en Defensa del Maíz que impulsa la Alianza para el Consumo Responsable y Solidario, y considera que “profundizar investigaciones en torno al maíz prehispánico, sus variedades, su domesticación y difusión es científica, económica y culturalmente pertinente, toda vez que las normas bolivianas de bioseguridad y protección del patrimonio genético y cultural se hallan vulnerables a cambios inspirados por intereses corporativos extra-nacionales, los cuales se hallan sutilmente apoyados por las acciones encubiertas del actual gobierno”.
El contexto de la historia de la agricultura previa al descubrimiento de América sugiere que el maíz ingresó a Bolivia “en una etapa de domesticación muy temprana y de hecho en un periodo de evolución cultural pre-cerámico”, según las evidencias científicas sistematizadas por el ingeniero agrónomo y Director del Centro de Investigaciones Fitoecogenéticas de Pairumani Gonzalo Avila Lara, en su libro El maíz y su mejoramiento genético en Bolivia.
La publicación que contiene información sobre las zonas de cultivo, producción y productividad, así como el origen, filogenia y clasificación del maíz, entre otros aspectos, destaca que tanto en la región andina central como en los llanos orientales “la labor de domesticación y selección de especies vegetales, se ha constituido en el mayor aporte económico y tecnológico que el nativo americano ha dado a toda la humanidad”.
En la revisión de los antecedentes históricos de este cultivo, Avila refiere que estudios que datan de 1926 establecen que “que casi todas las plantas cultivadas se originaron en ocho lugares del mundo”, reconocidos como centros de origen primario, los mismos que casi siempre están situados en regiones montañosas. Las plantas más importantes para la agricultura se originan en sólo una fracción del globo, en áreas llamadas centros de origen que cubren apenas 2 a 3% de la superficie terrestre.
“Todos los centros de origen fueron la cuna de grandes civilizaciones del pasado” y contribuyeron a los importantes “logros conseguidos en materia de domesticación y mejoramiento”, asegura el investigador. “Solo mucho más tarde y en base a las especies domesticadas en los centros de origen, las extensas llanuras del mundo alcanzaron un gran desarrollo agrícola”.
Fue en la época de las grandes civilizaciones cuando se produjo la domesticación del maíz así como el desarrollo de técnicas de conservación de alimentos y culinarias de gran importancia para la humanidad. Avila Lara recuerda que en la época incaica se consolida y ordena la domesticación y mejoramiento genético, que fue posible gracias al uso de marcadores genéticos en los maíces andinos y que permitió el reconocimiento de las diferencias de calidad y la enorme variabilidad de colores y formas.
La secuencia evolutiva de los maíces sudamericanos muestra enormes modificaciones morfológicas en los tipos de grano, según Avila, con más variabilidad que en México. Los maíces andinos cultivados hasta los 3800 m.s.n.m. tienen alto grado de especialización adaptativa a su propio valle, debido al aislamiento geográfico provocado por las montañas. Goodman y Brown (1998) señalan que del total de 260 razas descritas para América, 132 son originarias de la zona andina.
En Bolivia se desarrollaron varios tipos de maíz, bastantes diferenciados de las especies mexicanas, “por haber estado sometidos a patrones evolutivos muy variados, haciendo de la región el centro de diferenciación secundario, con una enorme cantidad de variabilidad genética, especialmente por la diversidad de los granos".
“Los maíces bolivianos fueron clasificados en 7 complejos raciales, 45 razas y centenares de variedades, considerando como raza a una población con características en común que ocupa un área geográfica definida y que han sido seleccionadas para finalidades utilitarias definidas y con características fisiológicas y morfológicas comunes, ejemplos son los complejos raciales Alto Andino, Amazónico, Perla, Morocho, Harinoso de los Valles Templados, Pisankalla, Cordillera. Una raza de maíz de introducción posterior es el maíz Cubano amarillo que colonizó toda el área tropical y subtropical, habiéndose cruzado casi con todas las razas existentes en esta zona al punto que casi no existen variedades libres de contaminación con esta raza”.
Actualmente la Colección del Centro de Investigaciones Fitoecogenéticas de Pairumani alberga unas 1.500 accesiones producto de la recolección en todo el país, del mejoramiento y distribución de variedades propias y también de las estrategias de conservación in situ.
Bolivia, territorio central del proceso de evolución del maíz
En un informe sobre los antecedentes arqueológicos del maíz boliviano andino amazónico, el arqueólogo Carlos Lemuz asegura que los trabajos sobre la evolución de ese cultivo han permitido identificar a los andes centrales y a la cuenca del sur del Amazonas como los dos principales territorios de evolución de las variedades del maíz en Sudamérica; y “Bolivia se halla justo en la parte central o núcleo de ambas zonas, las cuales también involucran los desarrollos culturales de Perú, Chile, Argentina y las culturas amazónicas de Colombia, Ecuador, Perú y Brasil”.
Lemuz recuerda que la evolución de los cultivos está relacionada a factores culturales antes que a naturales, por lo que la información antropológica es necesaria para explicar la formación de un cultivo y la evolución de sus especies. “Se trata de un proceso paso a paso, afectado por las actividades humanas, por tanto, la historia del maíz encierra profundos y marcados paralelismos con los cambios económicos, políticos y tecnológicos de las culturas prehispánicas de América”.
El arqueólogo sostiene que “la mayoría de las variaciones genéticas, razas y ecotipos que conocemos del maíz han sido moldeados por la actividad de las antiguas poblaciones indígenas de América, probablemente con mayor amplitud hacia el 500 a.C., que es el momento en el que se extienden la mayoría de las variedades de cultivos del maíz en Mesoamérica y Sudamérica”.
Los estudios sistematizados por Lemus evidencian que ya en las culturas prehispánicas andinas “el cultivo del maíz tuvo no sólo una importancia dietética o ritual, sino también social por la forma de su siembra y cosecha, circulación y empleo en las esferas de tráfico e intercambio de la región de la Cuenca del Lago Titicaca, valles orientales y occidentales y probablemente también zonas bajas”. Diferentes investigaciones sobre el control vertical de pisos ecológicos y el modelo de complementariedad de la economía andina “identifican al maíz y a la sal como elementos primarios dentro del sistema de intercambio existente entre valles y altiplano”.
Estudios arqueológicos ubican a Bolivia como una región central para la producción y evolución del cultivo de maíz desde hace 2.500 años, corroborando las evidencias que reconocen al país como centro de origen, diversidad y domesticación de diversas variedadesde maizales.
Trabajos arqueológicos en la península de Copacabana “revelan que si bien el maíz no fue un producto indispensable de su dieta, su uso estuvo concentrado en momentos rituales y trascendentes de su vida religiosa y política. Se estima que ya entre el 2.000 a.n.e. al 400 N.E., “las poblaciones de la cuenca del Lago Titicaca estaban completamente integradas a una esfera de tráfico e interacción con otras zonas donde la producción de maíz era mayor y componía una proporción importante de la dieta de la población”.
Apoyado en diversas investigaciones, Lemuz explica que es en Tiwanaku, 400-1.200 N.E., “donde la chicha de maíz tenía un peso simbólico y político de gran importancia” como queda claramente evidenciado en las excavaciones intensivas de las ruinas que muestran que cerca del 25% de los productos alimenticios identificados son de maíz.
Las investigaciones dan cuenta que “el maíz consumido en Tiwanaku mostró la existencia de cientos de variedades, probablemente traídas de diferentes regiones como los valles costeros de Moquegua, Cochabamba o los valles nororientales. Regionalmente cada variedad podía ser un identificador étnico-cultural, tal como ha sido observado en algunas zonas del Perú como el valle de Mantaro. Las distintas variedades de maíz poseían circuitos diferentes, mientras ciertos tipos gozaban de una gran distribución cerrada o aislada, todas con un prestigio y una utilidad diferente”.
Con la desestructuración de Tiwanaku y la presencia y expansión Inca, “el maíz se convirtió en el “alimento del Estado”, producto al cual el Inca y su estructura rendían particular tributo”, destaca el informe de Lemuz.
En la región amazónica, los registros etnohistóricos describen grandes poblados liderados por grandes y organizadas estructuras políticas dirigidas por un jefe o cacique. Los estudios sobre los rasgos que dejaron las actividades agrícolas e hidráulicas y los restos arqueológicos de plantas en la llanura de Moxos, así como el análisis de una muestra de restos de plantas carbonizadas en Loma Salvatierra en el departamento del Beni, “concluyeron que la gramínea más popular en la muestra era el maíz (zea mays L.), sugiriendo su importancia agrícola y alimentaria para esta población. Otras especies identificadas fueron ají, camote, frijoles, maní y yuca. Por el tipo de cultivos que incluye algodón, se conoce que este sirvió para la confección de prendas de vestir y que su popularidad se incrementó notablemente al final del periodo de ocupación (600 a 1400 n.e)”.
Este importante descubrimiento abre las puertas a una revaluación al entendimiento de la ocupación prehispánica de los llanos de Moxos y al rol que tuvo el maíz para esas antiguas culturas, afirma Lemuz.
5.000 años antes de nuestra era
Carlos Lemuz reconoce que a la luz de la información disponible, “no es posible todavía precisar el lugar y tiempo en que fue domesticado, trans¬formando radicalmente el teosintle (Zea mexicana) hasta convertirlo, por medio de la selección y cruzamiento, en el maíz que hoy conocemos (Zea mays)”.
Sin embargo, hay evidencias que muestran que “los pólenes más antiguos de la nueva planta datan de entre 7.400 y 6.700 años antes de nuestra era y fueron encontrados en Oaxa¬ca. Las semillas más viejas son de 5.000 años antes de nuestra era y proceden del centro de México”, aunque “existen datos que aseveran que el proceso de domesticación se debe más a un fenómeno regional y multicéntrico antes que a un fenómeno único y local, y dan cuenta de la existencia de por lo menos cuatro centros de domesticación a lo largo de México y Guatemala, y un comportamiento similar en las dos regiones de América del Sur”.
Lemuz asegura que la historia del maíz en Sudamérica recién comienza a ser conocida ya que “recientes investigaciones en Chile han develado que en el desierto de Atacama, en los sitios llamados Camarones y Tiliviche, se ha encontrado polen de maíz datados entre 5.255 y 4.760 años a.n.e. y en mayor cantidad entre 3.235 y 2.720 a.n.e”.
En Perú, como resultado de la excavación arqueológica de la ciu¬dad de Carál (3.000 hasta 1.800 a.n.e.), se encuentra maíz hacia el 2.300 a.n.e, pero en pequeñas cantidades, y en contextos rituales, por ejemplo, como ofrenda para la construcción o remodelación de edificios. Por el tipo de especie, las muestras han sido asociadas a otras encontradas en la costa peruana en Cerro Julia, cerro Calvario y Cueva El Guitarrero que datan de aproximadamente el 4000 a.n.e.
Los habitantes de la costa de Perú, además de comer el maíz en harina, incluyeron en su dieta las famosas palomitas de maíz desde hace más de seis mil años, un milenio antes de lo que se creía. En Paredones y Huaca Prieta, en la árida costa norte peruana, investigadores de la Universidad de Vanderbilt y Duccio Bonavia de la Academia Nacional de Historia de Perú descubrieron microfósiles de maíz con granos de almidón y fitolitos que datan de entre 6.700 y tres mil años.
Fuentes:
1. El maíz y su mejoramiento genético en Bolivia; Avila Lara, Gonzalo; Academia Nacional de Ciencias de Bolivia y Fundación Simón I. Patiño; Cochabamba, 2008.
2. Antecedentes arqueológicos del maíz boliviano –andino amazónico–, informe inédito de Carlos Lemuz, Sociedad de Arqueología de La Paz.
* Boletín N. 106 del Servicio de Noticias Ambientales del Fobomade.

Pide Espinosa Torres detener uso de semillas transgénicas

Son portadoras de genes que proporcionan resistencia a los antibióticos y pueden propagarse a bacterias patógenas, agravando el problema mundial de la lucha contra enfermedades infecciosas

Al tiempo de señalar que el avance científico en las semillas transgénicas, a pesar de ser un paso importante en la tecnología, también ha producido más casos negativos que positivos, el diputado y representante legislativo de Movimiento Ciudadano, José Juan Espinosa Torres presentó un punto de acuerdo para solicitar a la SDR y SEMARNAT se reduzca hasta eliminar “el uso de este tipo de semilla en especial de las razas del maíz del altiplano cultivadas y producidas en territorio nacional”.

Al argumentar su exposición, el legislador explicó que las células de “una mayoría de cultivos transgénicos son portadoras de genes que proporcionan resistencia a los antibióticos y pueden propagarse a bacterias patógenas, agravando el problema mundial de la lucha contra enfermedades infecciosas”.

Asimismo destacó el impacto sobre el medio ambiente a causa del uso de transgénicos, dado que afirmó hay contaminación de especies silvestres emparentadas, reducción de la biodiversidad, contaminación química del suelo y de los acuíferos.

En suma, advirtió el legislador de Movimiento Ciudadano, el uso de semillas transgénicas “no ha aportado mejoras en la calidad de los alimentos, sino grandes incertidumbres sobre la inocuidad de los productos que contienen ingredientes modificados genéticamente, sobre todo a mediano y largo plazo”.

Finalmente José Juan Espinosa Torres reiteró que en su partido, Movimiento Ciudadano “nuestro compromiso con los campesinos siempre ha sido firme para su desempeño agrícola y estamos por lo tanto, obligados también a proteger los medios por los cuales ejercen dicha actividad, como el caso de semillas transgénicas, cuyo uso se ha vuelto perjudicial para ellos y los consumidores”.

fuente: www.diarioeco.com.mx

jueves, 26 de enero de 2012

Carta Abierta al Ministro de Agricultura de Perú

CONSORCIO AGROECOLÓGICO PERUANO
Carta Abierta al Ministro de Agricultura
LEY 29196 DE PROMOCIÓN DE LA PRODUCCIÓN ORGÁNICA / ECOLÓGICA
CUATRO AÑOS SIN REGLAMENTO

Señor Luis Ginocchio Balcázar, Ministro de Agricultura, el Consorcio Agroecológico Peruano que trabaja a favor de la agricultura ecológica del Perú, queremos manifestarle que el 29 de enero de este año 2012, se cumplirán cuatro años de la promulgación de la Ley 29196 y aún seguimos esperando la promulgación de su Reglamento.

Dicha Ley fue elaborada mediante diversas consultas desde el año 2005, aprobada tres veces por el Congreso de la República y devuelta el mismo número de veces por los ex-presidentes Alejandro Toledo y Alán García, hasta que en el año 2008 es promulgada por el Congreso. La Ley establece que el Ministerio de Agricultura apruebe y publique el Reglamento en un plazo de 60 días.

Ha transcurrido todo este período en el cual la revisión del texto del Reglamento ha motivado la convocatoria a múltiples reuniones para someterlo a consulta, habiendo participado todos los ministros de Agricultura de todo este período, así como sus funcionarios y asesores. La última versión acordada fue incluso pre publicada el 21 de mayo del 2011, y con el ex/ministro Miguel Caillaux en concertación con CONVEAGRO, se constituyeron Mesas Temáticas, habiéndose revisado y consensuado con sus actuales funcionarios y asesores dicho Reglamento, en la Mesa de Orgánicos y Transgénicos. Sin embargo, a la fecha no se publica el Reglamento.

La pequeña agricultura en general y la agricultura ecológica en particular contribuyen significativamente a la seguridad alimentaria ya que brinda más del 65% de lo consumido por todas y todos los peruanos (6 de cada 10 toneladas que consume el mercado nacional viene de la pequeña agricultura), una amplía biodiversidad y sabores singulares son aportados diariamente a la gastronomía local para deleite de nuestros conciudadanos. Es un sector productivo que además de contribuir al manejo adecuado de los recursos naturales y productivos, y mantener los agro ecosistemas y cuencas andinas frente a los efectos del cambio climático, conserva la agro biodiversidad, que implican conocimiento, organización, prácticas, tecnologías tradicionales, innovación y culturas vivas.

Los regímenes anteriores han minimizado a este sector de la población, ello se expresa en una ausencia de políticas de Estado de fomento y promoción de la agricultura ecológica, que estamos seguros el gobierno actual corregirá.

Señor ministro Luis Ginocchio, a partir de su propia declaración “La pequeña agricultura es uno de los sectores productivos más numerosos del Perú y enfrenta los cambios globales mirando más las oportunidades que las evidentes amenazas”, nos sentimos aún más convencidos que ya es tiempo de dar atención y aplicar la política de inclusión social a las familias productoras marginadas por los gobiernos pasados y los respectivos ministros de Agricultura.

Esperamos que en su actual gestión, se pueda ver concretada muy pronto la aprobación del Reglamento que revolucionará el campo armonizando la producción agropecuaria con los principios y normas de la agroecología.

Los cien mil productores ecológicos del país, y las instituciones que promovemos la agricultura ecológica confíamos que así será.

Lima, 25 de enero 2011

Miembros del Consorcio Agroecológico Peruano
ANPE Perú RAE Perú
RAAA ASPEC
Coordinadora Rural Grupo Ecológica Perú
IDMA Centro IDEAS

miércoles, 25 de enero de 2012

Los pueblos indígenas defendemos todo México como cuna del maíz

"Todo nuestro territorio nacional es cuna del maíz y por eso no estamos de acuerdo en que ahora quieran inventar que hay regiones en México que son “centros de origen y diversificación” y otras que no lo son."
Durante casi diez años, más de mil comunidades y decenas de organizaciones en 22 estados del país (que se reconocen en la Red en Defensa del Maíz) han declarado, por la vía de los hechos, una moratoria bastante contundente a la invasión del maíz transgénico. Durante esos mismos años, el gobierno y las empresas han intentado imponer a trasmano este maíz GM, y después promulgar leyes nocivas para promover siembras piloto del mismo, más la certificación y privatización de las semillas nativas. Ahora, el gobierno ha propuesto que sólo hay centros de origen del maíz focalizados en el territorio nacional, estableciendo unas zonas llamadas “blancas”, zonas donde o no hay centros de origen según los expertos o donde, por no poder entrar por las difíciles condiciones, asumen que no hay nada. En el fondo, esto quiere maquillar la intención bastante evidente de inundar con transgénicos, o con siembras industriales de toda índole, el espacio que no contiene, según ellos, un centro de origen certificado.
Esto nos plantea una discusión muy trascendente en el país. Para el gobierno, cualquier asunto, proceso, discusión o relaciones que no hayan sido cosificadas mediante una certificación no existen, o son ilegales, “piratas”. Igual ocurre con los llamados centros de origen: donde no haya datos [definidos por sus propios parámetros] de que en una zona hubo un proceso de proliferación o crianza del maíz en sus formas más tempranas (como el teocintle) para ellos es una zona donde abiertamente se puede sembrar lo que se les pegue la gana, porque como dijo Juan Elvira, secretario de Semarnat, “nosotros consideramos que son por lo menos 2 millones de hectáreas en donde se puede sembrar maíz con biotecnología, en donde no hay afectación a nuestras variedades de maíz criollo, en donde la preservación del maíz criollo y de sus ancestros, los teocintles, están completamente preservados bajo un criterio científico”. Y al otro día se retractó.
Quien haya visto la forma tan natural en que la gente de las comunidades intercambia, regala, recibe, o vende y compra semillas o vástagos de su propia cosecha en los momentos de reunión con una soltura ora sí que milenaria, se puede asomar a cómo debieron ser los primeros mercados donde se comía, se celebraba, se discutía, se narraban historias y se intercambiaba todo tipo de alimentos y productos profundizando relaciones comunitarias que siguen vivas; entenderá muy bien que eso que le llamamos maíz no tiene únicamente un sustrato biológico-ecológico. Es menos aceptable incluso que ese sustrato pueda ser algo focalizado cuando que toda la cultura que se crió junto con el maíz se extendió por un vastísimo territorio. Focalizarlo como pretende el gobierno es quererlo fracturar, con fines de control y sojuzgamiento.
Días atrás, organizaciones de siete regiones de Oaxaca emitieron en Tlacolula un importante comunicado que sale al paso de estas pretensiones. Hace diez años que las comunidades que siembran maíz en sistemas complejos como la milpa, saben que para defender el maíz hay que sembrarlo. Para defender la libertad de las semillas hay que seguirlas custodiando e intercambiando. Que la autonomía más primera es sembrar los propios alimentos, y de ahí la defensa integral del territorio se vuelve posible. México entero es centro de origen del maíz. Y a nivel más profundo el maíz es un centro de origen de nuestra cultura mesoamericana. (Ramón Vera Herrera)
Nosotros las campesinas y campesinos indígenas de México conservamos desde hace milenios nuestros diferentes maíces en nuestros territorios y estamos muy conscientes que conservamos y fortalecemos la diversidad de las semillas nativas y toda la diversidad biológica.
Exigimos respeto a nuestras semillas nativas, porque son sagradas. Exigimos que no se realice ninguna certificación de nuestras semillas y rechazamos todas las leyes de semillas que lo que quieren es privatizarlas y, que en los hechos, excluyen la infinidad de variedades que nosotros conservamos.
Protestamos contra las leyes que favorecen y permiten la siembra de semillas transgénicas en el territorio nacional sean piloto, experimentales o comerciales (o cualquier otro nombre que les quieran dar).
Sabemos que con estas semillas de laboratorio se desgastan y pierden nuestras semillas nativas y se perdería nuestra autonomía alimentaria.
Exigimos que se valore y respete nuestra cultura de trabajo y nuestros principios.
Todo nuestro territorio nacional es cuna del maíz y por eso no estamos de acuerdo en que ahora quieran inventar que hay regiones en México que son “centros de origen y diversificación” y otras que no lo son.
Como es sabido, público e histórico a nivel mundial, todo México es centro de origen del maíz, es más, toda Mesoamérica y sus vecindades (que van desde el sur de Estados Unidos hasta el norte de América del Sur) son el territorio que consideramos como centro de origen. Porque además el maíz nunca ha sido solito. Siempre está en una profunda relación con los pueblos. Hay una comunidad entre las comunidades humanas y la comunidad del maíz con otros cultivos, plantas y animales con los que ha convivido por milenios.
Los criterios gubernamentales que requieren de hallazgos arqueológicos de rastros de maíz para calificar como una zona como centro de origen son insuficientes y sesgados. Si los expertos no encuentran nada dicen “que no hay”, sin tomar en cuenta la memoria histórica y la presencia viva del maíz en todas las regiones de México.
Los expertos que inventaron un mapa de donde sí y donde no es centro de origen lo único que demuestran es su ignorancia.
Las semillas transgénicas son una imposición que no aceptamos. No aceptamos tampoco las leyes contra la biodiversidad.
Exigimos respeto a la diversidad del maíz nativo (que siempre será infinitamente más vasta que la de las empresas) y exigimos respeto a la dignidad de los pueblos indígenas y campesinos.
No todo lo legal es justo. Inventan leyes para favorecer a las empresas en contra de los intereses de los pueblos, pero nosotros los pueblos seguiremos sembrando e intercambiando nuestras semillas nativas sin necesidad de leyes y seguiremos siendo campesinos que defenderemos nuestro maíz nativo hasta las últimas consecuencias.
Comunicado del Festival de Semillas del Centro Ecológico la Primavera de Organizaciones Campesinas, y de la Organización de Agricultores Biológicos, Tlacolula, Oaxaca, 27 de noviembre, 2011
Fuente: Ojarasca

Falla Tribunal de Justicia en Favor de los Derechos de los Agricultores

Esperanza para las Variedades Tradicionales, los Agricultores y las Redes de Semillas

Comunicado de prensa

Madrid, 25 de enero de 2012. La Red de Semillas “Resembrando e Intercambiando” acoge con expectación las conclusiones de la Abogada General del Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
El pasado 19 de enero la Abogada General del Tribunal de Justicia de la Unión Europea emitía una serie de conclusiones (Nota 1) en el caso de la Asociación Kokopelli sobre Graines Baumaux SAS (Nota 2) que ofrece un nuevo contexto de esperanza para los agricultores y agricultoras que quieran vender sus propias semillas de variedades tradicionales.
La Abogada General considera que la prohibición de comercializar semillas de variedades tradicionales no registradas es desproporcionada, en particular, en lo que respecta al libre mercado y a los efectos ligados a la limitación de los consumidores para elegir y comprar variedades tradicionales y la pérdida de biodiversidad agrícola al reducir la diversidad genética con el uso exclusivo de variedades comerciales registradas. Además, señala que las normas para el registro de variedades tradicionales son demasiado estrictas y que los legisladores no se han esforzado en equilibrar estas normas con las características y ventajas de las variedades tradicionales para la conservación de la biodiversidad agrícola.
Las consideraciones del Tribunal de Justicia de la Unión Europea suponen una esperanza para redes de semillas, agricultores y personas que llevan años pidiendo la puesta en marcha de mecanismos que hagan efectivos los derechos de los agricultores y las agricultoras a vender sus propias semillas de variedades tradicionales, así como el establecimiento de mecanismos que faciliten la conservación, utilización y comercialización de las semillas y plantas de vivero conservadas en sus fincas; la protección, la conservación y el desarrollo de los conocimientos tradicionales de interés sobre los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura; y el derecho a participar en la adopción de decisiones, a nivel estatal, sobre asuntos relativos a la conservación y la utilización sostenible de estos recursos fitogenéticos. Todas estas cuestiones están recogidas en la Ley de semillas, plantas de vivero y recursos fitogenéticos pero aún no se han puesto en marcha (Nota 3).
Desde Red de Semillas seguiremos impulsando la Campaña “Cultiva diversidad. Siembra tus derechos” (Nota 4) que tiene como objetivo instar al Gobierno español a poner en marcha las políticas necesarias para hacer efectivos los Derechos de los agricultores a conservar, utilizar y comercializar variedades tradicionales.
En el marco de la Campaña, promovemos la venta de semillas por parte de los propios agricultores como un acto público, no violento, consciente y político, contrario a la ley, cometido con el propósito de ocasionar el cambio en la legislación y la actuación del gobierno. Actuando de este modo apelamos al sentido de justicia de la mayoría de la comunidad, y declaramos que, según nuestra opinión, los principios de la cooperación social entre personas que hacen posible el pleno derecho a la alimentación no están siendo respetados al prohibirse a los agricultores y las agricultoras la venta de sus semillas ya que las variedades tradicionales son un recurso esencial para obtener alimentos sanos, respetando el ambiente mediante el uso correcto de los recursos naturales, potenciando la cultura rural, los valores éticos y la calidad de vida.
La noticia se produce como antesala de la celebración de las 7º Jornadas de Reflexión de la Red de Semillas “Resembrando e Intercambiando” que tendrán lugar el próximo fin de semana en Madrid.

Notas:
Nota 1. http://curia.europa.eu/juris/document/document.jsf?docid=118143&mode=lst&pageIndex=1&dir=&occ=first&part=1&text=&doclang=ES&cid=128659
Nota 2. http://www.kokopelli.asso.fr/proces-kokopelli/provocation-contrefacon-baumaux.html
Nota 3. http://www.redsemillas.info/?p=1069
Nota 4. http://www.siembratusderechos.info/

Red de Semillas
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Monsanto no venderá maíz transgénico en Francia en 2012

El grupo estadounidense Monsanto afirmó este martes que no venderá maíz transgénico en 2012 en Francia, después de que el gobierno prohibiera el cultivo de este tipo de maíz genéticamente modificado.

"Monsanto considera que no se reúnen las condiciones favorables para la comercialización de MON810 en Francia en 2012 y más adelante", afirmó el grupo en un comunicado.

"Esa posición fue expresada en varias ocasiones y confirmada ante las autoridades francesas", añadió Monsanto.

El lunes, un centenar de militantes hostiles a los organismos genéticamente modificados (OGM) ocuparon durante varias horas una instalación del grupo norteamericano cerca de Carcasona (sur), donde había almacenadas semillas de maíz transgénico.

Los militantes exigieron la "prohibición de cesión, circulación y cultivo" de semillas de OGM.

La protesta empujó a la ministra de Ecología, Nathalie Kosciusko-Morizet, a anunciar la prohibición de cultivar esas semillas antes de final de febrero, mediante una nueva moratoria.

Refiriéndose a la protesta, el grupo estadounidense lamentó "la entrada por la fuerza y los daños ocasionados" por los manifestantes en sus instalaciones, recordando que no era la primera operación de este tipo en Francia.

La moratoria lanzada por Francia contra los OGM en febrero de 2008 fue recientemente invalidada por la Corte Europea de Justicia, con sede en Luxemburgo, y por el Consejo de Estado francés.

ave/tib/gl/avl/erl

martes, 24 de enero de 2012

Kokopelli y las Leyes de Semillas en Europa

PROCESO ANTE LA CORTE DE JUSTICIA DE LA UNIÓN EUROPEA. KOKOPELLI EN MARCHA POR LA VICTORIA

El Magistrado General encargado del dossier de Kokopelli ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha dado hoy la lectura pública de sus conclusiones. ¡Estamos felices de anunciar que nos dan toda la razón!
En efecto, el magistrado sostuvo la nulidad de la prohibición de comercialización de las semillas de una variedad no incluida en el catálogo oficial, con el argumento de que la prohibición, basada en la legislación europea, así como por la normativa francesa, viola el principio de proporcionalidad, la libre empresa, libre circulación de mercancías, y el principio de no discriminación. ¡Casi todos nuestros argumentos han sido aceptados!
Además, el Magistrado General afirmó lo contrario de lo que fue adelantado por nuestros muchos opositores (Comisión Europea, Consejo de la Unión, República Francesa, Reino de España y Seed Company Baumal), que, por un lado, las normas de admisión en el Catálogo Oficial de semillas "no tienen nada que ver con la sanidad vegetal"; y por otra parte, que "le corresponde a los agricultores para decidir qué variedades cultivan”. Finalmente, esta ley limita indebidamente la elección del consumidor que "no tienen acceso a los alimentos u otros productos de variedades de uva que no cumplen con los criterios de admisión o la oportunidad de cultivar ellos mismos estas variedades, por ejemplo en su propio jardín ".
Del mismo modo, el Abogado General señala acertadamente que "el hecho de que los agricultores se vean limitados a las variedades admitidas, finalmente reduce la diversidad genética en los campos europeos."
Concluye lógicamente que "las desventajas de la prohibición de la comercialización de semillas de variedades no admitidas son manifiestamente superiores a sus beneficios. "

lunes, 23 de enero de 2012

El maíz para canguil desaparece de los suelos de Ecuador

A pesar de que el canguil es un alimento apetecido por niños y adultos, en el agro ecuatoriano se le da poca importancia.
“Hasta hace 25 años en Imbabura había 50 hectáreas sembradas del llamado maíz palomero. Ahora se calcula que hay menos de cinco hectáreas”, asegura el agrónomo Carlos Sánchez.
La casi extinción de este cultivo es un fenómeno nacional. Hace 25 años la producción superaba las 300 hectáreas, ahora el canguil no aparece ni siquiera en las estadísticas nacionales, afirma.
Según datos del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca (Magap), hay dos razones principales para la reducción del cultivo de esta variedad de maíz dulce.
La primera es el alto costo de inversión para combatir plagas y enfermedades que surgen durante el desarrollo del canguil blanco y de grano puntiagudo. “La producción encarece el valor de esta variedad nacional”.
La libra del canguil nativo cuesta USD 1,50. Pero en el mercado ecuatoriano hay canguil importado que se oferta en 50 centavos, comenta Sánchez. “La variedad maicena, que proviene de Canadá y de Estados Unidos, es un grano que revienta mejor, por lo que es preferido en el país”.
En algunas zonas de la Sierra norte se adoptó a la semilla maicena para el cultivo.
Según el agrónomo Sánchez, uno de los lugares de mayor rendimiento fue el cantón Mira, en Carchi. “Pero en la actualidad ese grano desapareció en esa provincia. Ahora hay mínimos cultivos en Imbabura”. Germán Vargas, ex director del programa Fomento Productivo del Magap, dijo que en Imbabura hay agricultores que siembran canguil, pero solo en pequeñas parcelas, para autoconsumo familiar.
El canguil blanco, de grano puntiagudo, entre tanto, deja un alto porcentaje de grano sin reventar. “Ese es el principal factor por el cual no es tan rentable para los agricultores”, explica.
Sin embargo, hay esfuerzos por recuperar las semillas ecuatorianas de canguil. La Escuela de Ciencias Agrícolas y Ambientales (ECAA) de la Universidad Católica, sede Ibarra, trabaja en la recuperación del canguil blanco.
El Instituto de Recursos Genéticos y Biotecnología de ese plantel recuperó y conserva parte de ese material genético.
En el Banco de Germoplasma, de esa universidad hay 650 semillas. De esas, 14 corresponden a variedades de maíz duro y suave, entre ellos está el canguil.
En Imbabura, según el último reporte del Magap, hay 1 049 hectáreas de maíz duro y 11 144 de maíz suave sembradas.
Andrés Simbaña, coordinador de Investigación de la ECAA, indica que actualmente trabajan en la recuperación del canguil blanco, para que regrese al campo. Por medio de una Red de Agricultores Conservacionistas introducen los cultivos que están en peligro de perderse, como el maíz de las especies: canguil, rojo y chulpi.
Un estudio de la Universidad Católica determinó que esas están en riesgo de desaparecer, por ser poco comerciales.
Sánchez explica que el Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias (Iniap) trabaja en la recuperación del canguil blanco. En el Estudio de Maíces Ecuatorianos, que realizó esa institución, se determinaron los usos como harina y maíz tostado que se dio al canguil y la importancia genética y alimenticia de recuperarlo.
El cuidado de las semillas en peligro
Con el canguil blanco también se elaboraba máchica, que es una mezcla de harina de canguil, panela y canela. Es una opción para incluir en la dieta.
En la Universidad Católica, de Ibarra, las semillas nativas se mantienen en una cámara fría, para conservarlas.
El Banco de Germoplasma conserva la biodiversidad de la zona como fréjol, maíz, habas, taxos, tunas, guayabas. Esa institución intercambia semillas.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/agromar/maiz-canguil-desaparece-suelos-Ecuador_0_631137029.html.

viernes, 20 de enero de 2012

Se confiesa Francisco Mayorga en el tema transgénicos

Noticia - enero 19, 2012

Francisco Mayorga titular de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), admitió que la introducción de maíz transgénico representa un riesgo, no obstante, dijo, en materia de transgénicos “no somos químicamente puros, tenemos intereses económicos y políticos”.
Así lo “confesó” abiertamente durante una reunión que sostuvo con científicos, productores, apicultores, productores de orgánicos y ambientalistas en la que se le demandaron los argumentos que respaldan las autorizaciones otorgadas para las siembras piloto de maíz transgénico en México.

El responsable de la política agrícola del país reconoció que no cuenta con la información de los dictámenes técnicos del Instituto Nacional de Ecología (Ine), de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) y de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), información que debe ser consultada obligatoriamente, como lo indica la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados (LBOGM), antes de otorgar cualquier permiso de siembra de transgénicos.

“Desconozco los detalles de los dictámenes técnicos, pero contamos con otros asesores científicos, entre quienes está el Dr. Ariel Álvarez (Secretario de la Comisión Intersecretarial para la Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados-Cibiogem) con cuya asesoría técnica tomamos las decisiones de aprobar las siembras Piloto”, afirmó Mayorga.

“Más allá de ser preocupante es violatorio de la Ley, no tomar en cuenta las opiniones de INE, Conabio y Conanp, instancias que en casi la totalidad de las solicitudes de siembra de maíz transgénico han dado un dictamen negativo, argumentando el riesgo de contaminación de cultivos transgénicos a cultivos nativos”, denunciaron las organizaciones.

“Además sus respuestas ponen en evidencia que las autorizaciones de siembras piloto y experimentales han sido otorgadas en obediencia a presiones que dejan sin efecto los argumentos técnicos y científicos de expertos en aras de los intereses económicos de las empresas Monsanto, Syngenta, Dow AgroScience y Pioneer”, afirmaron las organizaciones.

El funcionario intentó justificar sus decisiones afirmando que no existe una disyuntiva entre preservar la diversidad de maíces mexicanos y permitir la siembra de transgénicos y afirmó que tanto él como el presidente Felipe Calderón “tienen la convicción de que es posible la coexistencia entre el maíz transgénico y los maíces convencionales y criollos” por lo que pretende “ordenar todo esto y escuchar los diversos intereses aunque sean contradictorios”.

Ante la pregunta de Elena Álvarez-Buylla, investigadora de la UCCS sobre cómo va a garantizar la protección de los maíces nativos de la contaminación por flujo génico de los maíces transgénicos, el Secretario respondió que …”ninguna tecnología implica riesgo cero, y los transgénicos no son la excepción. Aceptamos que habrá cierto riesgo de contaminación con transgenes de las variedades transgénicas a las variedades nativas, pero este riesgo se tratará de minimizar ya que solo se sembrará maíz amarillo y no blanco como el producido por las variedades nativas, se sembrará en ciclos distintos y bajo agricultura por contrato”.

También se le aclaró al secretario que el maíz amarillo pertenece a la misma especie - Zea mays- que el maíz blanco, y son interfértiles. Por lo tanto, los transgenes del maíz amarillo transgénico se podrán ir contaminando el maíz blanco nativo.

Otro riesgo que el responsable de velar por los intereses de los agricultores desconoce, según sus propias afirmaciones, es la amenaza que se cierne sobre los pequeños productores cuyos cultivos sean contaminados con transgénicos y las posibilidades de denuncias penales que ha expresado SENASICA ya que dijodesconocer la Ley de Propiedad Intelectual (LPI). Pareciera que tampoco conoce la Constitución pues no pudo responder a las preguntas sobre las evidentes prácticas monopólicas desarrolladas por Monsanto.

Las organizaciones Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS), Asociación de Empresas Comercializadoras de Productos del Campo (Anec), el Frente Democrático de Chihuahua (FDC), la Organización Nacional de Apicultores, la Sociedad mexicana de Certificación Orgánica, Alternativas y Procesos de Participación Social A.C., el Grupo de Estudios Ambientales, Semillas de Vida y Greenpeace recalcaron que con esta reunión el titular de Sagarpa sólo logró evidenciar la falta de argumentos que respalden su decisión de autorizar la experimentación a campo abierto de maíz transgénico, que desdeña los argumentos científicos y mostró la falta de interés en el cumplimiento de la Ley: “Aunque todas las leyes prohibieran los transgénicos no se garantizará que no se siembren”, concluyó.
Fuente: http://www.greenpeace.org/mexico/es/Noticias/2012/Enero/Se-confiesa-Francisco-Mayorga-en-el-tema-transgenicos/

Los dueños de la economía verde

Silvia Ribeiro *

Se podría pensar que lo más verde de las propuestas de economía verde, que gana terreno en diversos ámbitos oficiales, principalmente en las negociaciones hacia la conferencia internacional Río+20, es el color de los billetes que esperan ganar con ella las empresas trasnacionales que han causado las crisis económicas, alimentarias, ambientales y climáticas. Esta es una de las conclusiones que se derivan al comprobar que son las mismas compañías que controlan las tecnologías, las patentes, los productos y los mercados de la economía verde.

No se trata solamente de los oligopolios que conocíamos y que avizoran nuevos negocios. Además, se avanzan nuevas configuraciones corporativas que reúnen a las mayores empresas petroleras, químicas, farmacéuticas, forestales y de agronegocios con nuevas compañías de biología sintética y genómica para procesar cualquier tipo de biomasa, sea natural o cultivada, y convertirlo en combustibles, forrajes, plásticos u otras sustancias industriales, planteando un escenario donde cualquier cosa verde (o que esté o haya estado viva) podría ser apropiada corporativamente para sacarle ganancias con algún uso industrial. Más que una economía verde, la conjunción de oligopolios y nuevas tecnologías está llevando a un asalto corporativo sin precedente de la naturaleza, de lo vivo, de los sistemas de alimentación y de los territorios de las culturas campesinas e indígenas, que irónicamente se presenta como una nueva etapa del desarrollo sustentable.

El reciente informe Quién controlará la economía verde, del Grupo ETC (www.etcgroup.org/es/node/5298), muestra que la tendencia hacia la concentración corporativa global continúa, favorecida incluso por las crisis. Si bien en diversos sectores analizados hay estancamiento del crecimiento o incluso menos ingresos, las ganancias corporativas se mantuvieron, porque según su propia definición hicieron más con menos. Con menos trabajadores, menos prestaciones y derechos laborales, menos consideraciones ambientales y de salud.

En el caso de la cadena alimentaria agroindustrial, desde las semillas e insumos agroquímicos, a la distribución, procesamiento y ventas en supermercados, las ganancias aumentaron con la crisis alimentaria y climática, en algunos casos en forma exponencial, gracias a la manipulación de la oferta, a la desaparición de competidores, a los subsidios públicos por desastres (para replantar cosechas arruinadas, para ayuda alimentaria, etc). Es dramático y absurdo que en semillas –llave de toda la cadena alimentaria– una sola empresa, Monsanto, controle 27% de todas las semillas comerciales a escala global (y más de 80 por ciento en semillas transgénicas), y que junto a dos empresas más, Syngenta y DuPont-Pioneer, controlen más de la mitad del mercado mundial de semillas. Las semillas y venenos químicos que venden esas empresas son la base de la agropecuaria industrial que ha destruido suelos, contaminado aguas y provocado la mayor parte de la crisis climática global. Ahora van además por el monopolio de lo que llaman semillas resistentes al clima –sequía, cambios de temperatura, inundaciones–, alegando que con más del mismo modelo, con menos reglas de bioseguridad, con más patentes a su favor y más apoyos de los gobiernos para las empresas, ahora sí saldremos de la crisis que ellas construyeron.

Al otro extremo de la cadena alimentaria las grandes superficies de ventas directas al consumidor (supermercados) han crecido a punto tal, que en 2009 superaron el mercado total de energéticos, el mayor del mundo por décadas. Esto significa un brutal control corporativo de qué, cuándo, cómo, con qué calidad, dónde y a qué precio se producen y consumen los alimentos y muchos otros productos de la vida cotidiana. En el informe se analiza además el control corporativo en otros rubros, como agua, petróleo y energía, minería y fertilizantes, forestación, farmacéutica, veterinaria, genética animal, biotecnología, bioinformática, generación y almacenamiento de datos genómicos.

Uno de los aspectos más preocupantes son los impactos del avance del uso de biomasa, a través de nuevos emprendimientos corporativos y tecnológicos. Por ejemplo, la empresa de biología sintética Amyris, con sede en California y Brasil, tiene asociaciones con Procter & Gamble, Chevron, Total, Shell, Mercedes Benz, Michelin, Bunge y Guarani para producir combustibles y sustancias industriales. En Brasil, ya consiguió que se permita la producción de combustibles a partir de la fermentación de azúcares derivados de biomasa, con microbios artificiales, cuyo escape constituye un grave riesgo (consumen celulosa, presente en toda la materia vegetal), que de ninguna forma está contemplado en los marcos de bioseguridad. Sin embargo, éste es uno de los ejemplos de economía verde en Brasil.

Otro ejemplo es la asociación de DuPont con el gigante petrolero BP, y las cerealeras General Mills y Tate & Lyle (Bunge), que además de biocombustibles agregan ahora combustibles derivados de algas. O la constelación Dow Chemicals, con Chevron, Unilever, Bunge, la marina y ejército de Estados Unidos, alrededor de la empresa de biología sintética Solazyme, para transformarazúcares de bajo costo en aceites de alto valor, que podrían ser desde combustibles a alimentos y muchos otros productos. Todo esto representa nuevos riesgos, pero además un aumento vertiginoso de la demanda de biomasa, tierra, agua y nutrientes, que exige que denunciemos estas propuestas por lo que son: nuevas formas de despojo.

* Investigadora del Grupo ETC

miércoles, 18 de enero de 2012

Festival de las Semillas Kokopelli en Perú

Festival Kokopelli-Pachamama, del 1 al 7 de agosto 2012,
en Ollantaytambo, Valle Sagrado de los Incas, Perú.
http://www.kokopelli-pachamama.com/

Para celebrar juntos nuestros 20 años de dinámicas activas al servicio de la Fertilidad de la Tierra, de la protección de la biodiversidad alimentaria y de la producción de Semillas de Vida, la Asociación Kokopelli de Francia (http://kokopelli.asso.fr/) organiza un Festival Kokopelli/PachaMama en Perú, en el Valle Sagrado de los Incas, durante la primera semana de agosto del 2012. El Festival tendrá lugar en Chacchapata, a 3 km de Ollantaytambo. Este festival será precedido por la llegada a principios de junio de Stephane Fayón, el director de Annadana, nuestra antena en la India, para dar un seminario de agroecología durante tres días, (después de haber compartido uno a principio de mayo en Costa Rica). Ver el anuncio mas abajo.

Durante esta primera semana de agosto de 2012, el Festival Kokopelli/PachaMama presentará talleres, conferencias, exposiciones sobre las semillas de Vida y la biodiversidad, sobre las técnicas de agro-ecología, sobre las plantas medicinales, sobre las plantas sagradas, sobre la apicultura alternativa, sobre la artesanía en los distintos pueblos del Perú, sobre la gestión de los recursos locales (arquitectura de adobe, plantas tintóreas, gestión de agua y energías…).
http://www.kokopelli-pachamama.com/?page_id=63

El Festival Kokopelli/PachaMama será una oportunidad para ofrecer una exposición permanente de cientos de variedades de tomates, calabazas, pimientos, etc, que serán cultivadas desde principios de abril.

De día y noche, el Festival Kokopelli/Pacha-Mama contará con entretenimiento musical o artístico y con difusión de varias películas. También se ofrecerá "ceremonias nocturnas de Ayahuasca" que, como el cactus San Pedro y la Madre Coca, son parte del patrimonio cultural del Perú y están protegidos por la legislación peruana.

Cuales son los objetivos de este Festival?
El primer objetivo específico de este “Festival Kokopelli-Pachamama” es celebrar honorando la Pachamama y los Apus del Valle Sagrado de los Incas.
Para la Alegría y la Celebración de la Belleza de la Madre Tierra!

El segundo objetivo específico de este “Festival” es promover la agricultura llamada “orgánica” – Agricultura de la Vida – en el Valle Sagrado de los Incas, incluyendo todas las técnicas agro-ecológicas respetuosas del medio ambiente, permitiendo producir una comida saludable y libre de venenos. Y promover un amplio movimiento de regeneración de miles y miles de terrazas abandonadas durante mucho tiempo. Para eso, la nueva antena Kokopelli en Perú, en proceso de creación, se propone a partir del año 2012, implementar un centro de capacitación en agroecología y en producción de semillas, similar a Annadana en Auroville en India. Porque la semilla es el primer anillo de la cadena alimentaria.

Para la Vida y la Fertilidad!
El objetivo fundamental de este “Festival” es honrrar la cultura andina destruida durante siglos por el genocidio occidental. Debemos a esta cultura andina – de varios miles de años – un gran número de las principales especies alimentarias que constituyen una parte significativa de la base nutricional de muchos pueblos del mundo: papas, tomates, calabazas, judías, pimientos, quinuas, amarantos,… así como tantas otras especies alimentarias consideradas “menores” por la arrogancia occidental. Sin olvidar miles de plantas medicinales y sagradas. Los pueblos andinos fueron entre los mejores jardineros / agrónomos del planeta y les damos las Gracias.

Para el Respeto de las Culturas Indígenas y de los Pueblos Nativos.
El objetivo Planetario – o Gaiano – de este “Festival” es preparar el camino – algunas piedras preciosas tejidas con bejucos de vida – para la llegada de las “Tribus del Futuro”, cuando la sociedad occidental degenerandose será aplastada bajo el peso de su vanidad y de su depredación. Eso no debe tardar porque los Tiempos cambian!

Para la Co-Evolución con la Pachamama, con Gaia, con la Madre Tierra!
Porque somos mismos los que esperábamos. Nosotros somos los portadores de las antorchas de la Vida dentro de la extinción. Shistas.
Somos los Pueblos de las Semillas!

Para más informaciones, contactar Dominique Guillet (en Ingles, Castellano y Francés): xochipelli@kokopelli-pachamama.com o contactar Eric Sémeillon (en Ingles, Castellano, Portuguese y Frances): eric_semeillon@yahoo.fr

Presentación del taller de 3 días de agroecología – del 1er al 3 de Junio -

Red Murciana de Semillas

Red Murciana de Semillas
enero 18th, 2012 | Posted by inmafg in publicaciones
Esta misma semana el CEAMA ha visitado las instalaciones de la Red de Semillas de la Región de Murcia, organización con la que lleva años trabajando y colaborando.

Esta red constituye un grupo de trabajo que surge en el seno de la Red de Agroecología y Ecodesarrollo de la Región de Murcia (RAERM), con la finalidad recuperar, conservar y valorizar la Biodiversidad Agraria y la Cultura Campesina, a través de la producción ecológica, basada en principios agroecológicos.

Como bien nos indica Rafa, uno de los encargados de la organización de la red, reúne a todos aquellos colectivos y/o personas preocupados por la pérdida de la biodiversidad, así como de nuestra seguridad y soberanía alimentaria; o bien que estén interesados en recuperar sabores y saberes amenazados de extinción.

Siguiendo estos principios, la Red de Semillas de la Región de Murcia, ha realizado desde hace años atrás una importante labor de recuperación de semillas de variedades locales y la cultura asociada a su gestión y uso. Actualmente gestionan un banco de germoplasma y continúan una importante valor de conservación de la calidad de estos materiales genéticos a la vez que promueven su difusión entre todas aquellas personas interesadas en su cultivo.

Esta organización, está compuesta por voluntarios y te permite colaborar de diferentes maneras:

Por un lado mediante el intercambio de semillas.
Custodia de variedades, que consiste en recibir material que se devolverá posteriormente junto a una ficha de seguimiento.
Mediante la introducción en una Red de fincas para la caracterización, selección y multiplicación de semillas.
Asistencia a reuniones y actividades organizadas por la RMdS, con descuentos.
El CEAMA en la actualidad cultiva numerosas de estas variedades recuperadas y conservadas por la Red, y está comprometido a la extracción y conservación de los materiales para promover su persistencia en el tiempo. Actualmente constituye entidad socia con el fin de colaborar en los gastos de gestión, material e instalaciones de la red. Si estás interesado en contactar con ellos, puedes ponerte en contacto con:
José Mª Egea



Departamento de Biología Vegetal (Botánica)

Facultad de Biología. Universidad de Murcia

Campus de Espinardo, 30100

Teléfono: 868 884984, 648227934

e-mail: jmegea@um.es , RedMdeS@gmail.com

Nosotros también te podemos ayudar a contactar con ellos, pásate por el CEAMA y te ayudamos a iniciarte en la tarea de conservar nuestro patrimonio fitogenético.

martes, 17 de enero de 2012

TODO MÉXICO DEBE SER LIBRE DE MAÍZ TRANSGÉNICO

Tomado de Boletin RALLT No. 458

Notas de la declaración de Científicos comprometidos con la Sociedad

En un conferencia de prensa del 13 de diciembre de 2011 los especialistas reunidos manifestaron que el dictamen de “Acuerdo por el que se determinan los Centros de Origen y los Centros de Diversidad Genética del Maíz en el Territorio Nacional”, publicado en la página de COFEMER el 17 de noviembre pasado, sintetiza el conocimiento que se ha venido desarrollando sobre la distribución de maíces nativos y sus parientes silvestres en México.

El Dr. Antonio Serratos Hernández y la Maestra Luz María Mera, coautores de un importante libro sobre el origen y la diversificación del maíz publicado por la CONABIO, UNAM, SEMARNAT y SAGARPA, mencionaron que aunque dicho Acuerdo retoma la mayoría de las recomendaciones establecidas en los resultados del Proyecto Global de Maíces Nativos y es suficiente para establecer que prácticamente todo México contiene los Centros de Origen, Domesticación y Diversidad del Maíz.

Esta aseveración está sustentada en la evidencia científica disponible en torno al flujo genético del maíz en México que, en conjunto con la amplia distribución de maíces nativos y sus parientes silvestres, hará imposible la coexistencia entre maíces transgénicos y no transgénicos sin que estos últimos se contaminen.

En este sentido, la Dra. Elena Álvarez-Buylla presentó una serie de simulaciones hechas en computadora, que incorpora estimaciones de las dinámicas de flujo de transgenes en el polen y por el intercambio de semillas, y que demuestran que se pueden contaminar amplias zonas del territorio nacional a grandes distancias del sitio de siembra de transgénicos; a su vez, señaló que a partir de los nuevos sitios contaminados, se seguirán expandiendo los transgenes a lo largo y ancho del territorio nacional. “Este proceso de dispersión de transgenes es aún contenible, sin embargo, si permitimos la siembra a campo abierto de maíces transgénicos en nuestro país, se volverá irreversible” acotó la Dra. Álvarez-Buylla.

Un ejemplo de la capacidad de dispersión de transgenes en México es el caso del algodón. En un estudio publicado recientemente por la M. en C. Ana Wegier en la revista Molecular Ecology, se demuestra que a 15 años de que fueron aprobadas las primeras siembras experimentales de algodón ransgénico en el norte del país, se han encontrado transgenes acumulados y con nuevas combinaciones genéticas en los algodones silvestres de Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Tamaulipas y Sinaloa. Este estudio demuestra que el flujo génico puede ocurrir a miles de kilómetros de distancia y relativamente rápido.

La Biól. Alma Piñeyro señaló que es preocupante que en el norte del país las zonas que se han dejado desprotegidas en el mapa del territorio nacional publicado en este Acuerdo coinciden con los sitios en los cuales las empresas han pedido la mayor parte de sus permisos. La coindicencia es sorprendente y parecen haberse establecido bajo presión de las grandes empresas productoras de transgénicos, en menoscabo de la bioseguridad del alimento básico de México, ya que de estas zonas se podrán dispersar transgenes y acumularse en los maíces nativos y sus parientes silvestres.

A su vez, se mostraron los resultados de un estudio publicado por la maestra Carolina Ureta en la revista científica Climate Change Biology, donde se demuestra que los maíces nativos serán de suma importancia para afrontar diferentes escenarios de cambio climático y alimentar a la población mexicana en el futuro., Su estudio además refuerza la evidencia que apoya que en las áreas que han quedado fuera de los Centros de Origen y Diversidad es muy probable que aún haya maíces nativos sin documentar.

Los doctores Rafael Ortega-Paczka y Antonio Turrent describieron las fallas más importantes del Acuerdo, que son: el Acuerdo no retoma todos los puntos de muestreo presentes en el mapa publicado por la CONABIO en su página web, dejando partes importantes del norte del país, así como varias zonas de importancia del centro y sur del país, desprotegidas, dijo Ortega-Paczka.

El Dr. Turrent puntualizó que en este documento se ignora las recomendaciones hechas por la CONABIO que señalan que en muchas de las zonas donde no se documentó variedades nativas de maíz, no es debido a la inexistencia de éstas, si no a la falta de un muestreo más intensivo que no se pudo llevar a cabo por las condiciones de inseguridad imperantes en varias zonas del norte del país.

A su vez, ambos coincidieron que el Acuerdo establece de manera arbitraria y sin fundamentos técnico-científicos, que las zonas desérticas y de riego sean excluidas como zonas donde pudiera haber maíces nativos y sus parientes silvestres. Este supuesto no tiene fundamento biológico real y sólo pone en peligro de contaminación por flujo de transgenes las variedades de maíz nativo que se distribuyen dentro y cerca de estas zonas blancas en el mapa. El Dr. Turrent además recordó que México tiene capacidad y tecnología propia para ser excedentario en la producción de maíz sin transgénicos.

El Dr. Jorge Linares, especialista en ética, manifestó que la liberación de maíz transgénico en cualquier parte de México implica un atentado en contra de la conservación de este cultivo, del cual se deriva el alimento básico de nuestro país e implica una amenaza para la soberanía alimentaria de México y su integridad cultural. Dado que los transgenes patentados no podrán contenerse a los sitios aprobados para su liberación y podrán contaminar las milpas de los campesinos e indígenas de nuestro país, la liberación de maíz transgénico amenaza la comunalidad en el manejo de las
semillas e implica una penetración tecnológica profundamente antidemocrática. México debería seguir el ejemplo de otros países ricos en cultivos, como Perú, que recientemente han declarado una moratoria a la liberación de cualquier cultivo transgénico en su territorio.

A pesar de estas limitaciones, los especialistas reunidos coincidieron en que este documento y los mapas ahí publicados, en conjunto con los estudios de flujo génico, son suficientes para establecer que todo el país debe ser considerado Centro de Origen y Diversificación del maíz y por lo tanto debe prohibirse la liberación de maíz transgénico en todo México.

Fuentes:

-Propuesta del titular de Semarnat para atajar la sequía En el norte, donde hay menos maíces criollos, podría usarse biotecnología. Angélica Enciso L. Periódico La Jornada. Martes 15 de noviembre de 2011, p. 41
-Declaración del programa de agricultura y alimentación de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad. Boletín de prensa 13 de diciembre de 2011

BASF Abandona Mercado Europeo de Semillas Transgénicas

La multinacional química alemana BASF anunció ayer su decisión de abandonar el mercado europeo de semillas transgénicas, reconociendo la "falta de aceptación en muchos lugares de Europa por parte de la mayoría de consumidores, agricultores y políticos". Esto supone la retirada de la patata transgénica Amflora aprobada hace tan solo dos años, de la que se han cultivado apenas unas decenas de hectáreas y que, tras múltiples escándalos de contaminación, ha supuesto otro gran fracaso para la industria de los transgénicos.

La decisión de BASF se produce después de intensos años de lobby por parte de esta multinacional para introducir sus cultivos transgénicos en Europa.

La patata transgénica Amflora fue el primer cultivo aprobado en la Unión Europea tras 12 años, y supuso una de las primeras y polémicas apuestas del Comisario de Salud y Consumo John Dalli.

"La decisión de BASF es un aviso para empresas como Monsanto, Syngenta o Bayer, que siguen presionando para introducir cultivos transgénicos en Europa. El ejemplo de BASF demuestra que forzar la voluntad de los consumidores y de la gran mayoría de agricultores, ni siquiera es rentable económicamente" afirmó David Sánchez, responsable de agricultura y alimentación de Amigos de la Tierra.

Las tácticas de la industria de los transgénicos para la introducción de sus productos en Europa están cada vez más al descubierto, con protestas formales de Gobiernos Regionales como el de Azores por la injerencia de la Embajada Estadounidense por la reciente prohibición de estos cultivos. O las presiones de la industria y la Embajada de EEUU en España que revelaron los cables de Wikileaks, y que confirmaron porqué España es el único país de la UE que cultiva transgénicos a gran escala.

"Animamos al resto de la industria de los transgénicos a seguir el ejemplo de BASF y reconocer que el futuro de la agricultura y alimentación en Europa y en el resto del mundo, pasa por un modelo social y sostenible, en el que cada vez está más claro que las semillas modificadas genéticamente no jugarán ningún papel" añadió Sánchez.

lunes, 16 de enero de 2012

Indígenas de Colombia Enterrarán Guaca con Semillas Nativas

Santandereano enterrará “guaca” de semillas nativas

Las semillas de calabaza, auyama, calabacín y muchas otras, estarán en enterradas para que sean abiertas en un futuro, dijo Hernando Niño Rivera.

Emulando al Arca de Noé, un santandereano, junto con cuatro comunidades indígenas del amazonas, enterrarán una “guaca” que contendrá más de 700 capsulas con semillas nativas fundamentales para preservar la seguridad alimentaria.
Se podrá abrir en 1.500 años y su entierro no puede pasar del 25 de julio de 2012.

Detrás de esa iniciativa están Hernando Niño Rivera y los “Taitas” de las etnias Emberá Chamí, Cansaa, Inganos y Sionas.

“Contendrá 256 variedades nativas entre fríjol y maíz, arveja, garvanzo, amaranto, balú y quinua, entre otras. Estamos amenazados por la gran demanda de alimentos, y por la invasión de los transgénicos que cada día será semilla que se le tiene que comprar a las multinacionales. Lo que se pretende es preservar en el tiempo estas semillas que les pertenecen a todos”, agregó.

Igualmente, estarán allí otras 40 variedades de fríjol que no han sido identificadas, pero que han sido consumidas por años por las comunidades indígenas.

Niño Rivera, que es presidente de la Corporación Colombia Orgánica, CCO, expresó que las semillas irán en una especie de tubos de vidrio, selladas herméticamente con conservantes naturales que permitirán que no se dañen con el paso del tiempo.

“Estas semillas serán tratadas con aceite provenientes del eucalipto (eucaliptera) y la menta (mentolina), una técnica ancestral que trabajan nuestros antepasados con resultados más que sorprendentes”, agregó.

El directivo de la CCO dijo que la capsula se enterrará en una zona donde existe muy buena refrigeración y donde los factores como humedad, no la afectarán.